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Mi hijo, mi amante

Mi hijo fue producto de una violación. Apenas tenía 16 años cuando al volver del colegio, (el autobús escolar me dejaba a unos 500 m del pueblo), a finales de octubre, aunque ya hacía mucho frío; me asaltaron dos encapuchados, me golpearon y me llevaron a un bosque cercano donde me violaron. Me dejaron sin conocimiento. Mi familia, al ver que no llegaba, empezó a preocuparse. Era ya de noche. Empezaron a buscarme y una persona del pueblo encontró un libro mío. El cura del pueblo que me había visto bajar del autobús, también se unió a la búsqueda. De madrugada, me encontraron sin conocimiento, con el cuerpo lleno de golpes y varias costillas rotas y sin nada de ropa. Me ingresaron en un hospital cercano. Estuve unas tres semanas ingresada. A raíz de la violación, me había quedado embarazada.

Era un pueblo pequeño y a nadie se le pasó por la cabeza que pudiera abortar. Seguí con el embarazo. Después de salir del hospital, volví al colegio; La criatura nacería el pleno verano y cuando terminó el curso, las monjas del colegio me regalaron una canastilla para el bebé. Y nació mi hijo Juan. Todo el mundo opinaba que debería volver a estudiar después de nacer el niño por lo que mis padres lo cuidaban mientras yo asistía a clase. También fui a la universidad en la cercana ciudad. Todos los días me llevaba el cura del pueblo que iba a esa ciudad. Terminé la carrera y empecé a trabajar. Pude comprarme un coche. Al tener el coche, algunos domingos, llevábamos a mi padre al fútbol, y paseábamos mi madre, mi hijo y yo hasta terminar el partido. Luego volvíamos a casa. Al poco tiempo, mis padres murieron de forma repentina bastante seguidamente. Nos quedamos solos Juan y yo. Era un niño vivaracho, rubio y bastante grande para su edad. Y así pasaron los años hasta que el chico cumplió los 18 años. Le tocaba entrar en la universidad y la carrera que había elegido la ejercían en otra universidad bastante lejana de nuestro pueblo. Hablé con mis jefes de que tendría que dejar el trabajo y al preguntarme dónde íbamos, me dijo que hablaría con un amigo suyo que tenía una empresa del mismo ramo que el suyo. A los días, mi jefe me llamó al despacho y me presentó a su amigo. Iba a trabajar directamente con él. Pocos días después nos mudamos de ciudad. Pusimos a la venta la casa familiar y nos marchamos.

Mi hijo era bastante ligón y a veces, al ir con él, me había dado cuenta que también se fijaba en mujeres mayores. Al preguntarle con curiosidad una vez, me contestó:

–Es que me gustaría encontrar una mujer como tú, mamá.

–¿Como yo? ¡Chico! Pero si me sobran algunos kilitos...

–¡Bah! Quizá dos o tres, pero nada. Además me gusta tocar carne, no como esas modelos que no tienes más que piel y huesos –dijo abrazándome y dándome un beso-. Además estás muy buena. Y eso también lo dicen mis amigos.

La intimidad y la confianza entre ambos era tal que alguna vez me había visto en ropa interior o yo le había visto desnudo una vez que no sabía que estaba en casa y salía del baño totalmente desnudo. Una noche, después de cenar, empezamos a hablar lo que había sucedido en el día y de pronto me preguntó si me había acostado con algún hombre después de la violación. Desde pequeño sabía las circunstancias de su nacimiento. Le dije que no. Que lo había intentado con un chico de la universidad el primer año, pero que fue un desastre.

–¿Y no sientes ganas de hacerlo alguna vez? –me preguntó extrañado.

–Claro que sí, sólo que no ha surgido la oportunidad.

Estábamos los dos sentados en el sofá, juntos y entonces me abrazó fuerte. Me dijo que le encantaría verme feliz, que tuviera una relación duradera, que también le gustaría tener algún hermano, porque yo todavía era joven. Yo estaba sorprendida aunque me emocionaron las palabras de Juan. Un "vicio" que no había conseguido quitarle desde pequeño era que cuando nos poníamos a ver la televisión, se tumbaba en el sofá con la cabeza en mi regazo. Incluso ahora que era un tiarrón, (medía 1’85cm de estatura), le gustaba estar así. Una noche en que estábamos viendo la tele, al incorporarse, me rozó la teta. No dijimos nada, me dio las buenas noches y al irse a la cama, le oí murmurar que tenía una teta de la medida perfecta. Poco a poco esa intimidad fue haciéndose mayor. Al cabo de un mes, durante las vacaciones de navidad, un día en que hacía muy mal tiempo Juan no salió de casa. Yo volví temprano del trabajo. Teníamos toda la tarde por delante y empezamos a hablar. Después de un rato, me preguntó un poco azorado:

–Mamá, no te enfades conmigo, pero me encantaría besar esa boca tuya tan rica. Y también me gustaría tocarte las tetas. Desde que te rocé la vez pasada, no he dejado de soñar con hacerlo. Solamente de pensarlo, se me levanta. Tienes unos pechos del tamaño perfecto. ¡Déjame, por favor!

–¡Juan!

Y efectivamente, vi que la tenía bastante tiesa. Yo también había pensado alguna vez cómo sería hacerlo con gusto, tenía ganas de disfrutar del sexo; no me importaba si era un hombre joven o maduro, pero no pensaba en mi hijo. Las palabras de Juan me excitaron sin querer. Él lo notó y abrazándome, me besó en la boca. Al principio tentativamente, pero luego los besos se volvieron golosos. También noté sus manos en mis pechos. Se me estaban poniendo duros. Y notaba un cosquilleo muy agradable en mi bajo vientre. Luego, una de sus manos bajó por mi vientre y se posó en mi muslo. Empezó a acariciar y muy despacio, subía la mano hacia mi entrepierna. Estaba ya muy caliente y empecé a quitarle la camisa a Juan. Nos desnudamos rápidamente y empezamos a besarnos y acariciarnos todo el cuerpo mutuamente. Luego hicimos un 69. Me resultó delicioso. Mi hijo mamaba mi chocho con maestría. Me hacía chillar y gemir hasta que me derramé. Luego, abriéndome totalmente de piernas entró en mí.

Y a partir de ahí se convirtió en mi amante. También probé con un compañero de trabajo, pero el enorme rabo de mi hijo no tenía comparación. Y me quedé embarazada. Muchas mujeres parían por primera vez con mi edad, por lo que no era extraño. En la vecindad, nadie sabía que Juan era mi hijo por lo que no había problema. Una mujer que se enrolla con un chico joven. Y después de ese primer hijo, Juan tuvo el honor de volver a dejarme embarazada otras dos veces más. Ninguno de los partos ha sido niña.

Desde esas primeras navidades como amantes, han pasado diez años. Y seguimos haciéndolo como el primer día.
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